Oficina luminosa con paredes de cristal.
01

Identifica cómo puedes causar un daño

Piensa en personas que visitan tu local, trabajos realizados fuera, bienes de clientes y decisiones o asesoramiento que prestas. No todos esos escenarios se encajan bajo una misma garantía. La descripción de la actividad debe reflejar lo que haces, incluso servicios secundarios que generan parte de los ingresos.

02

Separa explotación y servicio profesional

La responsabilidad ligada al funcionamiento del negocio puede ser distinta de la derivada de errores u omisiones profesionales. Una póliza multirriesgo no incorpora necesariamente ambas. Pide que te indiquen dónde estaría contemplado cada supuesto y revisa exclusiones que puedan dejar fuera el núcleo de tu servicio.

03

Mira personas, lugares y fechas

Comprueba quién figura como asegurado, si intervienen empleados o colaboradores y dónde prestas los servicios. Estudia también cuándo debe ocurrir el hecho y cuándo presentarse la reclamación para quedar dentro del contrato. Estas condiciones temporales pueden ser relevantes al cambiar de compañía o cesar la actividad.

04

Compara límites utilizables

Un capital global debe leerse junto con sublímites por víctima, tipo de daño y franquicias. Revisa los gastos de defensa y cómo se gestionan. Una obligación incluida en un contrato con un cliente puede exceder lo que acepta tu seguro; no prometas una cobertura sin contrastar la documentación.

LLEVADO A LA PRÁCTICA

Ejemplo ilustrativo: un cliente tropieza en la oficina y otro reclama por un error en un informe. Aunque ambos sean clientes, el origen de las reclamaciones obliga a revisar garantías distintas.

Tu lista de revisión

Marca lo que ya has revisado. Las marcas solo duran mientras mantengas abierta esta página.

Contenido informativo general. Los ejemplos son ilustrativos; la cobertura y la aceptación dependen de la póliza y de las circunstancias. Revisa tu caso antes de decidir.

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